Plena Inclusión Madrid

Un día con las Unidades Distritales de Colaboración (UDC): así trabajan para mejorar los barrios de Madrid

Las Unidades Distritales de Colaboración son equipos de trabajo formados por personas en riesgo de exclusión.

Plena Inclusión Madrid coordina las Unidades Distritales de Colaboración de los distritos de Barajas, Fuencarral-El Pardo, San Blas-Canillejas y Moncloa-Aravaca.

Hemos pasado un día con el equipo de trabajo de Moncloa-Aravaca.

Alba Sánchez y David Durán nos han contado su experiencia en el proyecto.

El protocolo COVID ha cambiado la planificación de su trabajo y, sobre todo, su rutina, pero mantienen el objetivo de regenerar los barrios e implicar a los vecinos en el cuidado del entorno. Hemos pasado un día con las diez personas con discapacidad intelectual o del desarrollo que forman parte de la Unidad Distrital de Colaboración (UDC) de Moncloa-Aravaca, una de las cuatro que están coordinadas por Plena Inclusión Madrid, para saber cómo es su día a día y cómo ha incidido la pandemia en sus vidas.

Las Unidades Distritales de Colaboración (UDC) forman parte de un proyecto del Ayuntamiento de Madrid que tiene como objetivo mejorar la empleabilidad en el ámbito del empleo ordinario de personas en riesgo de exclusión, que reciben formación en habilidades profesionales concretas y también en habilidades sociolaborales. Para ello, realizan distintas acciones, como limpieza, jardinería o concienciación medioambiental, y otras intervenciones encaminadas a mejorar los barrios en los que actúan.

En el caso de las personas con discapacidad intelectual, el desarrollo de proyectos de estas características es fundamental, ya que solo 2 de cada 10 está en activo y la mayoría encuentra barreras para el acceso al empleo que afectan a su autonomía y a la planificación de una vida independiente.

En el periodo actual (2020-2022), Plena Inclusión Madrid coordina cuatro unidades, en los distritos de Barajas, Fuencarral-El Pardo, San Blas-Canillejas y el mencionado de Moncloa-Aravaca. Las UDC son la continuidad de los antiguos Equipos de Actuación Distrital, que surgen desde el Ayuntamiento de Madrid con el fin de “mejorar los barrios”, como explica Eva Carramolino, responsable del equipo de Moncloa-Aravaca.

“Hacemos regeneración urbana en las zonas con más necesidades y tratamos de concienciar a los vecinos en el cuidado de los barrios a través de campañas y acciones de sensibilización en asociaciones de vecinos, asociaciones culturales, centros de mayores, centros escolares, etc.”, prosigue Eva.

Como el resto de actividades laborales, las UDC han visto truncada su planificación inicial por las circunstancias de la COVID-19, aunque la actividad no se ha detenido en ningún momento. En marzo, el confinamiento obligó a cambiar la calle por el teletrabajo. Y ahora, los efectos de la segunda ola dificultan de momento las tareas de concienciación y participación comunitaria que permiten a las UDC establecer un vínculo más estrecho con los residentes de las zonas en las que actúan, pero no el resto de tareas que tienen planificadas.

“Ahora, y a causa de la situación, nos estamos dedicando sobre todo a labores de limpieza, poda… Los accesos a determinadas zonas son muy restringidos”, asegura Sara Romera, preparadora laboral del proyecto. Por eso, añade, aprovechan para dedicar más tiempo a la formación de los miembros del equipo en habilidades sociolaborales.

Uno de los retos que asumen Eva y Sara es conseguir que todas las personas que forman el equipo afronten esta oportunidad desde la perspectiva del empleo ordinario y dejen atrás el concepto de que solo pueden desempeñar trabajos como parte de su formación o voluntariado. En este sentido, ambas coinciden en que se aprecian las diferencias de actitud entre quienes ya habían tenido un empleo previamente y quienes no, lo que obliga a establecer una formación individualizada y acorde a las necesidades de cada uno.

Teletrabajo y medidas anti-COVID

Dos de los miembros de la UDC de Moncloa-Aravaca que ya contaban con experiencia previa son Alba Sánchez, de 23 años, y David Durán, de 29. Alba trabajó como azafata de congresos y David, en jardinería. Ninguno de los dos empleos, sin embargo, había tenido la estabilidad del que desempeñan ahora.

“Este trabajo me gusta más, aquí estoy más cómoda”, cuenta Alba, que llegó al equipo gracias a la mediación del servicio de orientación laboral de Afanias, que forma parte de REDempleo*. A David le ayudaron a incorporarse desde la Asociación de Padres para la Integración San Federico (APISF), entidad en la que participa y con la que ya había realizado labores de jardinería durante 5 años.

Tanto Alba como David se trasladan cada día desde el sur de Madrid en transporte público para asistir a la reunión inicial en la sede del equipo, en la que coordinan y se reparten las labores de la jornada, insistiendo en las medidas de prevención contra la COVID-19: mascarilla, distancia y lavado de manos. “Cuesta un poco, pero hay que hacerlo”, reconoce David.

Atrás quedaron ya los meses de confinamiento en los que se vieron abocados, como gran parte de la población española, a aprender a teletrabajar sin apenas formación previa. En aquellos meses de marzo, abril y mayo sin poder salir a la calle, la planificación se reorientó a la formación y al uso básico de las herramientas tecnológicas.

“Yo tenía unas ganas de trabajar ya…”, confiesa Alba. “Lo pasé mal durante ese periodo porque yo necesito salir, no puedo quedarme encerrada. Aquí hacíamos teletrabajo. Nos ponían cada día tareas y hacíamos videollamadas para ver qué tal estábamos”, prosigue.

David reconoce que su principal problema fueron los obstáculos tecnológicos para realizar las tareas, un ejemplo de la brecha digital que han sufrido durante el confinamiento muchas personas con discapacidad intelectual o del desarrollo, como puso de manifiesto la encuesta realizada por Plena Inclusión Madrid en mayo de 2020. “Fue un poco difícil al principio, pero nos fuimos acostumbrando poco a poco”, dice.

“Inserción laboral completa y sin ayuda”

El confinamiento frenó el trabajo de la Unidad Distrital de Colaboración de Moncloa-Aravaca, pero no su evolución, según Eva Carramolino, que cree que no va a haber diferencias entre la preparación laboral de este equipo y los de años anteriores. “Si la evolución continúa como hasta ahora, no va a haber problema. Tenemos margen. La parte formativa la tienen bastante trabajada, ahora les falta calle y van bastante bien. En tres meses que llevan fuera ya se nota su autonomía”, cuenta.

Precisamente el logro de la autonomía es una de las claves de este proyecto, aunque no la única. Sara Romera explica que el objetivo final es que los componentes del equipo “estén completamente preparados para su inserción completa y sin ningún tipo de ayuda” cuando finalice su contrato con la UDC, de modo que puedan afrontar una entrevista con seguridad y adquieran, además, la iniciativa de tomar decisiones.

Alba y David tienen claro que, una vez llegue ese momento, quieren encontrar un empleo que les ayude a construir una vida independiente. Alba planea trabajar con animales; David, en el ferrocarril o haciendo manipulados.

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