Plena Inclusión Madrid

Trabajaremos desde la reivindicación razonada y razonable, el diálogo y la búsqueda del entendimiento

Silvia Sánchez es la directora general de Plena Inclusión desde mayo.

Durante 10 años fue directora de comunicación.

Asume su nueva función con responsabilidad, compromiso e ilusión.

Es la primera mujer que dirige Plena Inclusión Madrid pero lo vive con normalidad. 

Para Silvia Sánchez la Federación tiene que defender el interés general. Eso tiene que hacerlo de una forma razonada y buscando el diálogo.

Trabajará en la defensa de derechos de las personas con discapacidad intelectual y sus familias.

Trabajará para actualizar la ley de servicios sociales y la forma de contratación de los servicios de forma que sean más estables. 

Y tratará de alcanzar esos objetivos trabajando en red con las entidades, con su colaboración y su experiencia.

 

 

Silvia Sánchez asumió en mayo la dirección general de Plena Inclusión Madrid. Hemos hablado con ella para conocer cómo afronta esta nueva etapa y qué retos considera fundamentales para el movimiento asociativo en los próximos años. 

Durante la última década ha estado al frente de la Dirección de Relaciones Institucionales y Comunicación. ¿Cómo afronta esta nueva etapa en la Dirección General?

Todo cambio es un reto y por supuesto este también lo es. Responsabilidad, compromiso e ilusión quizá sean las palabras que mejor pueden responder a la pregunta

Hay momentos en los que tenemos que decidir si damos un paso y salimos de nuestra zona de confort y en este caso el momento llegó cuando la Junta Directiva me propuso para hacerme cargo de la Dirección. Asumí entonces este nuevo rol con un gran sentido de la responsabilidad y sobre todo con el compromiso de seguir llevando adelante el proyecto de la Federación, con la misma lealtad que hasta el momento, pero ahora desde otro lugar. Nos quedan aún muchas metas por alcanzar en todos los ámbitos: en el de la prestación de servicios por parte de las entidades, en el de derechos, y en el de la participación y la inclusión social de las personas con discapacidad intelectual y sus familias. Tres aspectos que no pueden ser contemplados de manera independientemente ni como compartimentos estancos, sino todo lo contrario, porque un retroceso en uno de ellos provoca daños en los otros dos.

Y por supuesto lo asumo con ilusión y energía que es la que dan todas las personas a las que representa Plena Inclusión Madrid y sabiendo que en la Federación tenemos un magnífico equipo de profesionales.

Es la primera mujer que asume la dirección general de la Organización. ¿Cómo ha sido recibida en su nuevo rol? 

El hecho de ser la primera mujer que ocupa este puesto puede dar lugar a un buen titular, pero con toda sinceridad, creo que se ha vivido con normalidad y eso me ha dado mucha tranquilidad, pero sobre todo confianza.

La sociedad está cambiando y eso es algo de lo que he sido testigo a lo largo de casi treinta años de trayectoria profesional. No voy a negar que en esas tres décadas muchas veces he tenido la certeza, que no la sensación, de haberme tenido que esforzar más, para demostrar lo mismo, y seguramente muchas mujeres de “mi quinta” se han visto en la misma tesitura.

A día de hoy, y respondiendo directamente a la pregunta, quienes me han recibido bien lo han hecho porque confían en la organización, en el proyecto y en mi trayectoria como profesional, y quienes pudieran haberlo recibido con escepticismo, lo hubiesen hecho con cualquier otra persona independientemente de su género.

Si hablamos del ámbito más federativo creo que ahí hemos dado muchos pasos. Hace nueve años pusimos en marcha desde Plena Inclusión Madrid el primer Observatorio de la Mujer en el ámbito de la discapacidad intelectual, que por entonces podía parecer que no era prioritario. Para la Federación lo era y hoy es uno de los grupos más activos y sobre todo de los más importantes, porque la situación de la mujer con discapacidad intelectual o del desarrollo sigue siendo claramente discriminatoria. Asimismo, nuestra Junta Directiva tiene un equilibrio de miembros entre mujeres y hombres; y ahora mismo estamos implantando un Plan de Igualdad a nivel de Federación, con todo lo que ello implica.

Al margen de eso, y de nuestro caso en particular, el acceso de las mujeres a puestos de dirección sigue estando en la lista de “pendientes”. Aunque estamos en el “ranking” por encima de las empresas, lo cierto es que, en un sector con una amplia fuerza laboral femenina, la presencia de mujeres en ámbitos de dirección no es proporcional. El Tercer Sector es puntero, pero también nos quedan por romper muchos techos de cristal. Vamos haciendo grietas, aunque seguramente no a la velocidad que desearíamos.

¿Cómo han sido estos primeros meses en la dirección general?
Mis primeros meses han coincidido también con una etapa de tránsito en el ámbito político del que tenemos, como sector, una gran dependencia en muchas cuestiones tanto legislativas como de recursos. Obviamente estamos pendientes de que se constituya el nuevo Gobierno autonómico para poder empezar a plantear iniciativas que, en su momento, ya trasladamos a todos los partidos políticos como propuestas para incluir en sus programas electorales.

Las necesidades de las personas con discapacidad o del desarrollo, las de sus familias y las de nuestras entidades, no se detienen por la coyuntura política, así que seguimos trabajando como hasta ahora, tratando de resolver cuestiones que surgen en el día a día, pero sobre todo con la mirada puesta en los objetivos que tenemos como Federación, que no pueden ser cortoplacistas, y en el cómo alcanzarlos.

¿En qué dirección piensa orientar su trabajo al frente de Plena Inclusión Madrid y qué estilo quiere imprimir a la organización?

La dirección no es personalista en ninguno de los aspectos. Creo que no lo ha sido antes, y desde luego no lo va a ser ahora. Evidentemente cada uno tenemos nuestra personalidad y carácter, pero Plena Inclusión Madrid es lo que sus entidades son y lo que éstas quieren que sea. 

En este sentido, somos un movimiento asociativo con una alta participación, a través de una serie de equipos de trabajo conformados por distintos grupos de interés y de cuyas reflexiones surgen no sólo los planes estratégicos, que nos van marcando el camino, sino también las acciones y propuestas concretas que vamos planteando.

Somos más de un centenar de asociaciones y fundaciones, y la Federación tiene que ser capaz de defender el interés general por encima de otras consideraciones. La labor de la dirección es saber canalizar y trasladar, a los ámbitos donde haya que hacerlo, las necesidades de nuestras organizaciones, y por supuesto trabajar para seguir avanzando en la conquista de derechos no sólo en el papel, sino también en la realidad, para que puedan ejercerse de manera efectiva. 

En este sentido, creo que es fundamental trabajar junto al resto de organizaciones de discapacidad y la plataforma CERMI Madrid a la que pertenecemos es lógicamente uno de los marcos idóneos para ello. 

No concibo otra manera de trabajar que no sea desde la reivindicación razonada y razonable, el diálogo y la búsqueda del entendimiento, tanto dentro como fuera del movimiento asociativo.

¿Cuáles son los problemas que más le inquietan, y con qué fortalezas cuenta el movimiento asociativo para afrontarlos?

Es urgente acabar con la lista de espera en Atención Temprana. Es cierto que en los últimos años hemos avanzando y se han creado nuevas plazas, pero sigue habiendo niños y niñas que tienen que esperar durante muchos meses a recibir el tratamiento que necesitan cuando se les diagnostica una discapacidad o riesgo de desarrollarla. Eso no puede seguir siendo así, y nuestra exigencia ha de ser lista de espera “cero”, porque demorar la atención a los menores de seis años implica estar condicionando su capacidad de autonomía, su calidad de vida y en definitiva, su futuro.

En el otro extremo de la trayectoria de vida de las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo está en el envejecimiento. Afortunadamente, la esperanza de vida de las personas con discapacidad ha aumentado mucho, y eso hace que estemos ante situaciones que antes no se daban: personas con discapacidad en procesos de envejecimiento con padres y madres también mayores. Hemos de trabajar con planteamientos que nos permitan dar respuesta a nuevas necesidades que van desde conceptos más materiales vinculados a la cuestión del modelo residencial hasta otras como la soledad.

Pero además a lo largo de toda esa trayectoria vital de las personas hay otras muchas cuestiones en las que seguir avanzando, como la apuesta por el empleo, especialmente con una llamada de atención a las Administraciones Públicas, que creemos han de ser ejemplo y motor en este sentido. La apuesta por el empleo, tanto público como en el sector privado en entornos normalizados, también requiere de una atención especial a la educación y formación de personas con discapacidad intelectual o del desarrollo, estudiando y abriendo nuevas vías y fórmulas que eviten el limbo al que se sigue enfrentando una gran parte del colectivo cuando finaliza sus estudios obligatorios. 

Y junto a eso, hay que continuar peleando por muchos derechos de los que estamos alejados, aunque existan sobre el papel o en el contexto legal. El año pasado año se logró la recuperación del derecho al voto, un paso importantísimo, que no lo vivimos como un fin en sí mismo, sino como el inicio de la conquista de otros derechos. Lograr una participación real en el ámbito de la cultura, el ocio o el deporte; el acceso a la justicia con garantías suficientes para las personas con discapacidad, o la igualdad real de las mujeres con discapacidad siguen estando entre nuestras prioridades, lo mismo que las personas con más necesidades de apoyo cuyo déficit de ciudadanía sigue siendo destacado. 

En el ámbito de los servicios que prestan nuestras entidades hay ahora mismo encima de la mesa cuestiones de gran calado: la propia modificación de la Ley de Servicios Sociales de la Comunidad de Madrid, que es una de las más obsoletas; o la necesidad de cambiar el actual sistema de contratación para que aporte estabilidad a las organizaciones sociales prestadoras de servicios, pero que al tiempo que permita una mayor flexibilidad de los modelos para dar respuesta a las necesidades individuales de las personas. En una concepción antigua y que es la que arrastramos, administrativamente hablando, eran las personas las que se tenían que adaptar a los servicios. Eso, no puede seguir siendo así por lo que necesitamos ir cambiando la rigidez de las estructuras que tenemos para que las personas puedan elegir conforme a sus objetivos, metas y deseos personales. 

Y obviamente, y de gran importancia también, es preciso establecer un diálogo con la Administración para mejorar y aumentar la financiación de la red pública. Aún no se han recuperado los niveles previos a la crisis y estamos además en un momento en el que la subida del convenio colectivo del sector y de los SMI han hecho mella en nuestras organizaciones que se caracterizan por el importante peso que tiene el gasto de personal, y que son claves para la atención profesionalizada y de calidad a las personas con discapacidad. Hemos de ser capaces de encontrar entre todos, una solución a esta situación que es gravosa para nuestras asociaciones y fundaciones.

Y por supuesto, tenemos que seguir trabajando por los derechos y las necesidades de las familias de las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo, que han sido y son la base de nuestra organización. 

En definitiva, la agenda sigue llena de objetivos y retos que están contenidos en su mayoría en el documento de propuestas que elaboramos con la colaboración de todas las entidades antes de las elecciones para trasladárselas a los diferentes partidos.

Para llegar a eso, para ir alcanzando metas no hay otro modo de trabajar que no sea en red, desde la colaboración, la experiencia y el conocimiento de nuestras entidades.

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