Plena Inclusión Madrid

Una de cada cuatro personas cuidadoras no profesionales ha sufrido un importante desgaste durante la pandemia

La Fundación Pere Tarrés ha analizado la calidad de vida de las personas cuidadoras no profesionales. 

Concluye que una de cada cuatro ha sufrido mucho estrés por la pandemia. 

Las personas cuidadoras dicen que con la pandemia han estado más solos y que tenían miedo por la persona a la que cuidaban en caso de que ellas se contagiaran.

Una de cada cuatro personas cuidadoras no profesionales, aquellas encargadas de cuidar en domicilio a un familiar en situación de dependencia y no vinculadas a un servicio de atención personalizado, ha sufrido agotamiento, estrés emocional, falta de tiempo para uno/a mismo y problemas de conciliación.

Es una de las conclusiones que se desprenden del informe “Evaluación de la Calidad de Vida de las Persona Cuidadoras. Impacto y prestaciones en el contexto Covid-19” realizado por la Fundación Pere Tarrés gracias a la financiación estatal a cargo del 0,7% del IRPF.

El informe pretende evaluar la calidad de vida de las personas cuidadoras no profesionales y el impacto que ha tenido la pandemia, identificar el estado delos servicios y prestaciones que incluye el sistema de servicios sociales español y cómo pueden influir en la ecuación.
Del informe se extrae un retrato robot de la persona cuidadora en España: mujer, de entre 45 y 65 años, que vive con su pareja e hijos/as. La mitad de ellas trabajan y el 70% se consideran las principales tareas de cuidado, en las que invierten, de media, más de 12 horas diarias.

El impacto de la pandemia

Las conclusiones del estudio son “preocupantes” y revelan por ejemplo, que 2 de cada 3 personas cuidadoras dedica menos de 30 minutos a su higiene personal, o que un 73% de las encuestadas se sienten estresadas al menos una vez por semana.

En lo relacionado con la pandemia, hasta un 83% manifiesta que ha tenido un efecto negativo en su vida, y 1 de cada cuatro explica que ha manifestado un desgaste físico y emocional, a causa del miedo por la seguridad de uno mismo y por ser el responsable de la seguridad sanitaria de la persona dependiente. La imposibilidad de asumir el rol de cuidador en caso de resultar contagiada ha supuesto un estrés emocional, y ha aumentado la sensación de soledad de las personas cuidadoras.

Prestaciones insuficientes

Las personas encuestadas destacan como aspectos negativos la cantidad insuficiente de prestaciones económica previstas para la ayuda a la dependencia, que no sirve para aliviarlas de la carga de los cuidados; la lentitud y la complejidad de los trámites, o el desfase temporal son aspectos que consideran mejorables.

Una vez concedida la prestación, las personas cuidadoras enumeran otras carencias, como la falta de personal, la rotación de los trabajadores y trabajadoras, y otros aspectos que agravan la sobrecarga de la persona cuidadora no profesional.

COMPARTE

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp