Plena Inclusión Madrid

Alteraciones de conducta durante el confinamiento: cómo evitar que la situación llegue al límite

Los problemas de conducta que sufren algunas personas con discapacidad intelectual o del desarrollo se han agravado con el confinamiento.

Los psicólogos Laura Garrido y Luis Simarro creen que hay que detectar a tiempo estos problemas de conducta.

Para ello, proponen una comunicación más eficaz entre las entidades y las familias.

Además, recuerdan que Plena Inclusión Madrid tiene un teléfono de acompañamiento al que pueden llamar desde las entidades.

El confinamiento y la pérdida de rutinas ha alterado el día a día de todos, pero especialmente de las familias de personas con discapacidad o del desarrollo. Muchas de estas familias han tenido que afrontar situaciones complicadas por alteraciones de conducta y, todo ello, con la necesidad de compaginar la atención a su familiar con el teletrabajo, el empleo fuera de casa o el cuidado de otros miembros de la unidad familiar. En estas circunstancias, los psicólogos alertan de la necesidad de detectar a tiempo este tipo de problemas para poder activar con la máxima celeridad las herramientas correspondientes y evitar que provoquen serias dificultades de convivencia en unas familias ya de por sí afectadas por las consecuencias emocionales, sociales y económicas de la pandemia.

Para ello, una de las claves es reforzar la comunicación entre las familias y las entidades. Plena Inclusión Madrid participa en la cartera de apoyos de asesoramiento telemático para dar apoyo a las familias y servicios residenciales que estén viviendo situaciones de especial complejidad por problemas de conducta en unas circunstancias que dificultan el uso de otros recursos. Las familias que deseen beneficiarse de estos apoyos deben hacerlo a través de sus entidades de referencia.

“Los problemas que estamos viendo ahora son los que ya estaban en el entorno porque las familias no sabían cómo manejar las conductas y se llegaba a situaciones complicadas: agresiones a los padres, lanzamientos de objetos, mordiscos”, explica Laura Garrido, directora técnica de Personas de Apadis. Estas situaciones se han agravado con el confinamiento, las limitaciones de salir a la calle o acudir a los centros y, en general, la modificación de las rutinas habituales.

Luis Simarro, director de Desarrollo Profesional y Familias de ALEPH-TEA, reconoce que el miedo inicial al contagio llevó a muchas familias a interrumpir los apoyos que recibían desde su entidad al comienzo de la crisis sanitaria y que esa falta de apoyos perjudicó seriamente a muchas personas con alteraciones de conducta. Por ello, explica, ahora se encuentran con que muchos de estos casos se han agravado en exceso. “Nuestro objetivo es detectar qué ocurre en las familias para que no lleguen al límite. Desde la desesperación total se recupera peor. Es mejor no llegar al punto de ‘no puedo más’ porque la herida es ya muy profunda y es más difícil de cicatrizar”, afirma.

Una comunicación más eficaz

Para evitar situarse en el límite, y ante la posibilidad de que el coronavirus imponga un cambio en el modelo asistencial a corto plazo con un menor contacto presencial, Garrido manifiesta la necesidad de modificar y reforzar la comunicación entre la entidad y las familias. “No puede ser un simple ‘Qué tal estáis’ o ‘Cómo van las cosas’”, advierte. En su opinión, debería existir un guion de preguntas que ayudase a los profesionales a detectar la realidad que están viviendo esas familias y poder trasladar así los casos más graves a los expertos del canal de conducta puesto en marcha por la red de Plena Inclusión.

En la definición de ese guion de preguntas, especifica Garrido, hay que ser muy sensibles y tener en cuenta que algunas familias ocultan la situación que viven en casa porque no son conscientes de que se trate de un problema real, porque lo asimilan como algo normalizado o porque, en ocasiones, tienen reparos para reconocer que no han sido capaces de gestionar adecuadamente una situación que no tienen por qué afrontar solos.

Junto con la detección temprana de los problemas, otra de las claves del papel de las entidades debe ser “empoderar y capacitar a las familias” para afrontar las crisis y, por otra parte, ayudar a las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo a adquirir “pautas de autorregulación de su conducta”, asegura Luis Simarro. Además, advierte, es necesario potenciar las actividades de respiro para descargar emocionalmente a las familias y ayudarlas a conciliar su vida personal y laboral.

La necesidad del teléfono de acompañamiento

Pero para que la puesta en marcha de estos mecanismos sea posible, insiste Garrido, “las familias precisan canales en los que no sentirse avergonzados”. “El teléfono de acompañamiento es necesario y positivo. Las familias precisan también profesionales en el entorno. Y esa parte va a ser vital para que este proceso triunfe y genere cambios”, asegura.

Simarro también ve en “los apoyos personalizados, inclusivos y en contextos naturales” la clave del modelo de atención del futuro. “Si tenemos vocación de apoyar los proyectos de vida de las personas, tenemos que tener capacidad para apoyar donde transcurre la vida de las personas”. Y esto, añade, “se hace más patente en situaciones extremas como trastornos de conducta importantes o necesidades familiares específicas”.

La cartera de apoyos en la que participa Plena Inclusión Madrid está pensada como medida “excepcional” y para situaciones graves o que no cuenten con otros apoyos y en ningún caso tiene el propósito de sustituir a la red de atención pública de salud mental y de servicios sociales especializados de la región. Según el ‘Protocolo de ayuda a personas y familias con grandes necesidades de apoyo en conducta’, las intervenciones que se plantearán serán acordes al modelo de trabajo de Apoyo Conductual Positivo (ACP).

Varias instituciones y administraciones han puesto en marcha otros servicios de atención psicológica para atender los problemas derivados de la crisis de la COVID-19 y del confinamiento en la población en general o en colectivos específicos, aunque hay que tener en cuenta que son únicamente de apoyo psicológico y no de respaldo ante alteraciones conductuales, como el de Plena Inclusión. 

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