Plena Inclusión Madrid

Diario de sesiones de “Corriente”, proyecto de teatro de Espacio Convergente. Tercera parte

“Corriente” es un proyecto de teatro desarrollado dentro del programa Espacio Convergente.

En este proyecto participan ocho personas con discapacidad intelectual de la Fundación Ademo.

Las sesiones de “Corriente” están dirigidas por Juanfra Rodríguez.

Diario de sesiones #3
Residencias Espacio Convergente. Proyecto “Corriente”
Juanfra Rodríguez
Espacio creativo: Fundación Ademo

En estas sesiones la tarea principal ha sido la de profundizar en la confianza y la cooperación entre las personas que integran el equipo, con el objetivo que puedan ayudarse entre ellos en el momento de la muestra, intentando que sean lo más independientes posible en el escenario. También continuamos con el trabajo de escenografía objetual.

Día siete

Con la colocación de las lámparas creamos cuatro microespacios que pertenecieran a una casa: un dormitorio, un salón, una cocina y un baño. Fuimos creando en parejas varias escenas donde iban jugando a roles familiares que ellos iban eligiendo, al igual que las situaciones: tío y sobrina, dos hermanos, madre e hija. 

Como la iniciativa del equipo va creciendo y contagiando, en algunas escenas  participaban más compañeros, como en el de la madre y la hija, que jugaron al velatorio del padre muerto. Víctor se apresuró a coger el papel del patriarca cadáver. A José y a mí nos preocupaba un poco la reacción de Pedro, porque él necesita expresar en diversas ocasiones sus sentimientos por la ausencia de su padre, a veces poéticamente. Para que no fuera duro este juego para él, le adjudiqué el rol de sacerdote en el velatorio, y con su actitud habitual de bromista, Pedro ejerció cómicamente este rol.

En otro ejercicio, continuamos con el tema del maltrato, ya que quedaban cuestiones pendientes de otras sesiones, como el día que las chicas hablaron que era preferible dialogar con los personas que maltrataban, ante la elección de los chicos de “llamar al 016”. 

Las lámparas eran el objeto maltratado, y unas personas jugaban al rol de maltratador y otras personas al rol de ser maltratadas, ayudando a las lámparas a expresar sus quejas. En el desarrollo del juego, otras personas tenían que dar un consejo a la persona maltratada. El primer consejo recibido por un compañero fue el de pedir auxilio, con potencia sonora vocal. Todos siguieron este consejo.

Al final del ensayo les planteé la pregunta si la llamada de auxilio había conseguido parar el maltrato. Contestaron que no. Se dejó pendiente la repuesta de que más se podría hacer para cambiar esta situación.

Para acabar, jugamos con el concepto de consuelo. En parejas, se fueron abrazando recíprocamente, diciendo la palabra ánimo, lo más alto posible.

Día ocho

En esta sesión utilizamos los objetos de la escenografía: algunas de las lámparas, en su parte más frágil, la de papel, ya están bastante maltratadas. Nos centramos en una de ellas, y como excusa, intentamos contestar a la pregunta lanzada en la anterior sesión. Enseguida, entre ellos, de manera mayoritario, salió que una posible solución a la situación de maltrato era la de denunciar y el “calabozo”. Surgió también cómo les afectan las discusiones en casa, o las peleas callejeras. 

Para desdramatizar, pasamos a contar algunos chistes. Pedro es un experto en lo escatológico. Estuvo muy gracioso. 

De aquí enlazamos con un ejercicio que trataba de que se convirtieran en directores: alguien tenía que dar órdenes sencillas y claras y otra persona debía obedecer. Todos pasaron por los dos roles: el director y el obediente. Hubo una buena colaboración entre todo el equipo con este ejercicio.

Como es necesario que la implicación física fuera mayor, repetimos un ejercicio que  propuso Pedro en sesiones anteriores, de empujar a las lámparas, diciéndoles “No me mires”. Pedro repitió el ejercicio, pero esta vez las lámparas eran sus compañeros. Se jugaba a empujar de mentira y a caer de mentira. 

Terminamos con una variante del concepto de “consuelo” de la sesión anterior: a los compañeros caídos se les ayudaba a levantar, y se les abrazaba diciendo la palabra ánimo.

Natalia empezó este ensayo algo desanimada, casi dormida. En cambio, su actitud se fue transformando, y participó más que ningún otro día, siendo muy creativa y expresiva. Igual le pasó a Pedro. Parece que las personas más participativas van contagiando a los más silenciosos. Al menos en esta sesión.

Día nueve

En esta sesión me atreví a platear el tema del acoso como juego. Lo hice con reservas, porque tengo mis dudas que se puedan pasar fronteras personales que creo que no son convenientes. Como excusa usamos el amor platónico de Natalia: Peter Pan. Esto hizo que el juego no perdiese su función lúdica. Luis y Pedro se hacían pasar por Peter Pan y “acosaban” ligeramente a Natalia. Por supuesto ella los rechazaba, porque tenía claro que ellos no podían ser Peter Pan, y les decía “No” lo mejor que podía. Conversamos sobre el acoso: de entrada, todos dijeron que nunca habían sido acosados.

Continuamos con el ejercicio de que jugasen con el rol de director. Junto con el espacio creado con las lámparas, tenían que lo colocar a sus compañeros repartidos y con una palabra o una frase cada uno. Cada director tenía que dar la orden para poner en marcha la maquinaria creada con los demás. 

Lo importante fue comprobar que personas con una actitud más silenciosa, como Marta, se volvían más presentes en el momento de recordar u organizar a sus compañeros. También era importante el irse dando cuenta de que cada persona necesita su tiempo, y como ayuda que respetemos ese tiempo. Es alentador ver como Ana o Luis piden ese tiempo, con calma, como si fuese un derecho.

Día diez

En esta sesión empezamos repitiendo el ejercicio del día anterior, del director o directora ordenando a sus compañeros posiciones y palabras. El esquema tenía la variante que el director creaba una estatua con dos personas en vez de una. Se crearon cuatro estatuas con posturas y frases muy divertidas. Ellos elegían las posturas y las frases.

En la segunda parte tuvimos público, dos personas de Ademo y la fotógrafa de Plena Inclusión Madrid, Amaia. Esto se convertía en una buena ocasión para comprobar cómo reaccionaban ante la mirada de los demás. Empezamos con un juego que ya habíamos hecho, de estar tumbados como las lámparas y empezar a llamarse los unos a los otros, en voz muy alta, y alargando las sílabas de los nombres. Hubo cierto retraimiento, pero fueron involucrándose en el juego. 

Marta, Ana o Natalia, fueron algo más tímidas, no tanto en la respuesta, sino en el tiempo que se daban para darla. Que se permitieran ese tiempo, que expresen que “lo están pensando” me parece importante, y que los demás no les presionen, también. Al final, funcionó el contagio también, y se iban atreviendo.

Volvimos a reproducir las cuatro estatuas que se crearon en la primera parte del ensayo y el “No me mires” de Pedro, con los empujones y caídas de mentira. Vamos entrando en una fase de repetir ejercicios para comenzar con el concepto de la “fijación” de acciones y palabras que nos llevarán a la muestra en febrero

Por primera vez surgió algo muy teatral: la contradicción. De pronto, cuando empujaban, a alguien se le ocurría decir “Te quiero”. O cuando estaban consolando, y ayudando a  alguien a levantarse, alguien decía “Te odio” o “no te quiero ver más”.

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