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La Conferencia de Presidentes de Plena Inclusión Madrid, celebrada el pasado sábado 11 de abril en el Espacio Pozas de Cruz Roja, se consolidó como un encuentro clave de reflexión y diálogo entre responsables del movimiento asociativo.
La jornada se enmarcó en un momento especialmente significativo: el 20º aniversario de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Este contexto sirvió como punto de partida para analizar los avances logrados en estas dos décadas, así como los retos que aún persisten.
Intervino Luis Cayo Pérez Bueno, presidente del CERMI, quien ofreció una reflexión en torno al 20º aniversario de la Convención. Durante su intervención, destacó que la Convención es una herramienta clave para impulsar el cambio, pero señaló que aún existen servicios que no están plenamente alineados con sus principios. En este sentido, subrayó la necesidad de avanzar hacia una “transición justa”, en la que los apoyos se repiensen en clave de inclusión y derechos.
Uno de los momentos más destacados fue la intervención de Mar Sobrado y Jorge Alonso, personas con discapacidad intelectual y miembros de la Junta Directiva, quienes compartieron su experiencia durante estos cuatro años. Ambos explicaron cómo ha sido su participación activa en los órganos de decisión, poniendo en valor la importancia de que las propias personas con discapacidad intelectual o del desarrollo formen parte de los espacios de liderazgo.
Durante la apertura, el presidente de Plena Inclusión Madrid, Tomás A. Sancho, lanzó un mensaje directo a las entidades, poniendo en valor el trabajo realizado para afrontar los retos, así como su implicación y al compromiso compartido como base para fortalecer el proyecto común.
A lo largo del encuentro, los responsables de las entidades reflexionaron en torno a tres grandes ejes: las familias, los nuevos modelos de vida para las personas con discapacidad y el diseño del futuro de las organizaciones.
Unos debates que evidenciaron la necesidad de seguir avanzando desde la colaboración, la participación activa y la defensa de derechos.
Las conclusiones de la jornada marcaron con claridad una hoja de ruta compartida. Se puso en valor que las familias han sido y siguen siendo el motor del movimiento, pero también que es necesario repensar los modelos de participación para adaptarlos a la realidad actual de las familias. En este sentido, se planteó la urgencia de construir formas de implicación más flexibles.
Asimismo, se subrayó que el futuro pasa por un modelo de vida centrado en la persona, en el que los apoyos se adapten a sus deseos y proyectos vitales, garantizando el control sobre su propia vida. Este cambio exige no solo recursos y normativa flexible, sino también avanzar en educación, empleo y en una labor constante de pedagogía social que contribuya a derribar barreras, prejuicios y miedos.
En paralelo, se destacó que no es posible avanzar en inclusión sin entidades fuertes, ágiles y sostenibles, capaces de liderar el cambio. Las organizaciones están llamadas a encontrar el equilibrio entre la gestión de servicios esenciales y su papel como motor de transformación social y defensa de derechos. Para ello, se apuntaron claves como la diversificación de la financiación, la innovación tecnológica, el trabajo en red y el impulso de modelos de liderazgo más abiertos y participativos.
En definitiva, el encuentro destacó la necesidad de fortalecer a las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo y sus familias, y a construir comunidad. Porque no hay inclusión sin transformación, ni transformación sin el compromiso conjunto de personas, familias y entidades.