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Plena Inclusión Madrid ha participado, junto a Plena Inclusión Asturias, en la Jornada ‘Violencia invisible: violencia de género en mujeres con discapacidad y personas migrantes’ organizada por la Dirección General de Igualdad del Principado de Asturias, donde ha repasado los principales avances logrados desde que se puso en marcha el Observatorio de la Mujer de la federación madrileña hace ahora 15 años.
Durante su intervención, la directora Estrategia y Desarrollo de Plena Inclusión Madrid, Silvia Sánchez, ha destacado que, a pesar de los muchos avances logrados, es preciso seguir trabajando desde un enfoque interseccional en el que se analicen los factores personales, pero también los económicos y sociales y el grado de ejercicio de los derechos pues es su interacción la que sitúa a niñas y mujeres con discapacidad en situaciones de especial vulnerabilidad.
A su juicio, es preciso incidir en la visibilización de las mujeres con discapacidad y esto incluye la revisión de criterios que puede estar generando infradiagnósticos, como recientemente ha puesto de manifiesto la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria.
Estos especialistas han indicado que existe un sesgo de género en la infancia en el diagnóstico del trastornos del espectro autista en niñas, que es 4´2 veces menor que en niños y que se justifica en parte porque los criterios diagnósticos estándar se basaron en inicialmente en patrones de comportamientos masculinos.
Si las personas no están diagnosticadas carecen de los apoyos adecuados y eso puede tener un impacto negativo en su vida diaria y en sus oportunidades de inclusión.
Tras analizar cuestiones en las que las mujeres siguen estando en clara situación de desventaja como la formación, el acceso al empleo o la participación, Silvia Sánchez indicó que debemos ocuparnos de manera urgente del preocupante impacto de la soledad no deseada, que afecta a más del 50% de las personas con discapacidad y se agrava en mujeres con discapacidad intelectual.
También se ha puesto el foco en el reciente en la comunicación de la relatora de Naciones Unidas, Heba Hagrass, en la que habla de las barreras a las que se enfrentan las niñas y niños con discapacidad, pero también las personas cuidadoras, a cuya vulnerabilidad hace referencia también el informe presentado y que analiza la dimensión de género de los cuidados. Según Hagrass los cuidadores principales, especialmente las madres, también pueden ser especialmente vulnerables a la violencia y los malos tratos debido a su mayor propensión a la dependencia económica de terceros, la pobreza, el aislamiento, la estigmatización relacionada con el hecho de tener un hijo o hija con discapacidad y la marginación en general.
Poner ahí la atención es también un reto, que hay que abordar, como lo es también el lograr una mayor colaboración entre las propias organizaciones sociales y con las administraciones, con una gestión más flexible que facilite apoyos personalizados en entornos comunitarios, cada uno desde su ámbito de conocimiento. No tenemos que ser expertos en todo sino tener las fórmulas adecuadas y las medidas de flexibilización para poder colaborar en la atención a las necesidades interseccionales de las personas. Si queremos ir hacia un verdadero marco de atención centrada en las necesidades de la persona, participación y vida comunitaria, hay que avanzar hacia flexibilidad.
Además, avanzar hacia políticas más preventivas que paliativas, exige una manera de actuar transversal porque incidir en la interseccionalidad solo puede hacerse desde todos los ámbitos de actuación.
Finalmente, la representante de Plena Inclusión Madrid indicó que a las mujeres con discapacidad intelectual “no tenemos que empoderarlas, sino de ofrecerles las herramientas y apoyos que necesiten porque de empoderarse ya se encargan ellas mismas”.