Plena Inclusión Madrid

El último adiós a Elenica, la mujer con síndrome de Down más longeva de Europa

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Hace unos días nos dejó Elena Cestafe Gil, a los 83 años de edad. La Fundación Gil Gayarre comunicó el fallecimiento de «Elenica», como le gustaba que la llamaran. Vinculada a la entidad durante más de medio siglo, deja un recuerdo imborrable entre todas las personas que compartieron con ella su vida y se ha convertido en un referente por haber demostrado, día tras día, que una vida plena se construye a través de los afectos, la participación y la superación de las dificultades.

Elenica llegó a la Fundación en 1969 y encontró en El Cabezo el que siempre consideró su hogar. A lo largo de estos años estuvo acompañada por su familia, sus compañeros y compañeras, profesionales y amistades, con quienes compartió momentos cotidianos que marcaron su vida. Su fortaleza y capacidad para sobreponerse a importantes problemas de salud hicieron de ella un ejemplo de perseverancia y de amor por la vida.

Desde Plena Inclusión Madrid queremos trasladar nuestro cariño a la familia de Elenica y a todas las personas que forman parte de la Fundación Gil Gayarre, agradeciendo el legado que deja tras una vida que ha contribuido a visibilizar las capacidades, los derechos y la calidad de vida de las personas con síndrome de Down.

Una vida contada por ella misma

Con motivo de su 80 cumpleaños, Elenica escribió una emotiva carta en la que repasó algunos de los recuerdos más importantes de su vida. En ella explicaba que siempre le había gustado que la llamaran «Elenita» y daba las gracias a todas las personas que la habían acompañado a lo largo de su camino. «Creo que la ocasión merece celebrarlo a lo grande y reunirme con todas las personas que quiero y que han sido importantes para mí a lo largo de mi vida», escribía.

Orgullosa de sus raíces aragonesas, recordaba con cariño que siempre le había gustado «cantar jotitas a la Virgen del Pilar y vestirme de baturra». También evocaba con emoción su llegada a Madrid y a la Fundación Gil Gayarre, donde aseguraba haber encontrado una gran familia: «Con vosotros he compartido penas y alegrías y he sido muy feliz en mi querido Cabezo». En su carta también dejaba reflejado el carácter que la acompañó durante toda su vida. 

Tras recordar los problemas de salud que logró superar, afirmaba con el humor que siempre la caracterizó: «¡Es que no hay caída, golpe o brecha que pueda conmigo!». Y concluía con un mensaje de gratitud que hoy adquiere un significado especial: «Quiero dar las gracias por continuar a mi lado. Os quiero mucho.»

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