Plena Inclusión Madrid

Nuestro compromiso con las personas mayores con discapacidad intelectual nos exige elevar nuestra mirada

Fundación Gil Gayarre tiene un proyecto dirigido a las personas mayores. 

El proyecto se llama Envejecer Bien. 

Mireya Gómez, responsable del proyecto, nos ha contado en qué consiste. 

Fundación Gil Gayarre tiene a muchas personas mayores en sus centros. Querían lograr que en esta etapa de la vida las personas tuvieran una buena y feliz vida.

El proyecto quiere que las personas tengan un envejecimiento digno, activo y saludable. 

Trabaja desde el pasado de la persona, propone un presente atractivo y planifica el futuro. Todo el trabajo se hace junto a la familia.

Fundación Gil Gayarre cree que hay que conseguir cambiar la mirada hacia las personas mayores. También cree que hay que dejar escoger dónde quiere vivir.

En este proyecto, los profesionales han aprendido a ser flexibles en los apoyos. 

Las personas con discapacidad intelectual han tomado control de sus vidas. Han logrado cumplir algunos sueños. 

Las familias se sienten acompañadas en la toma de decisiones difíciles.

El envejecimiento progresivo de la población no es ajeno a las personas con discapacidad intelectual. Durante el próximo encuentro de Prácticas Admirables de Plena Inclusión, que tendrá lugar en Zaragoza el 26 y 27 de septiembre, Fundación Gil Gayarre presentará su experiencia Envejecer bien, que pone el foco, precisamente, en las personas mayores con discapacidad intelectual. Hemos hablado con Mireya Gómez, profesional de la Fundación y responsable de esta experiencia.

¿Por qué decide la Fundación Gil Gayarre poner en marcha un proyecto que pone el foco en las personas mayores?

Somos conscientes de que uno de los grandes retos del siglo XXI, es el envejecimiento progresivo de la población y desde la Fundación Gil Gayarre somos sensibles a esta realidad a la que nos sumamos entendiendo el envejecimiento como un proceso positivo y personalizado.

Nuestra fundación cuenta con una trayectoria de 60 años acompañando proyectos de vida de personas con discapacidad intelectual y sus familias.  Las personas a las que prestamos apoyo superan los 60, los 70 y en algunos casos hasta los 80 años. En la actualidad, el 35% de las personas a las que prestamos apoyo, tiene más de 45 años. Nos encontramos con un número cada vez mayor de personas en proceso de envejecimiento debido al aumento de la esperanza de vida, gracias a los avances médicos, una atención más personalizada, entornos más seguros y una mayor cobertura social.

Desde ahí surge la necesidad de crear un proyecto que ponga el foco en las personas mayores, con la intención última de lograr vidas plenas y contribuir a que esta etapa de la vida llamada vejez, sea lo más feliz posible.

La población beneficiaria del proyecto ¿son las personas mayores que están en las distintas residencias de la Fundación, o en toda la población de la entidad?

El proyecto Envejecer Bien quiere dar respuesta a todas las personas mayores de la Fundación, independientemente de los apoyos que necesiten. Incluso pretende llegar a personas que en la actualidad ya no acuden a la Fundación pero que si lo hicieron en el pasado. Por otra parte también es necesario apoyar a las familias, que a su vez afrontan su propio proceso de envejecimiento. Es importante facilitar apoyo para abordar decisiones por adelantado, y planificar en la medida de lo posible un futuro deseado.

¿Qué objetivos persigue el proyecto?

El principal objetivo del proyecto es generar en las personas con discapacidad intelectual procesos de envejecimiento digno, activo y saludable. Entendiendo a la persona en su globalidad, con un pasado, un presente y un futuro. Conocer el pasado de la persona nos adentra en su biografía y nos permite conocer sus señas de identidad. Proponer un presente rico y atractivo, implica un compromiso con cada persona para ofrecer alternativas en su actividad cotidiana y promover un envejecimiento activo. Planificar el futuro deseado, nos ayuda a tomar conciencia de las metas y sueños que aún quedan por cumplir, definirlos, temporalizarlos y llevarlos a cabo con los apoyos necesarios.

Otros objetivos del proyecto tienen que ver con el acompañamiento a las familias, con la promoción de la salud, con la innovación, y con establecer alianzas en el entorno y trabajar en red.

Paulina y Aurora, usuarias de la Fundación
Paulina y Aurora, usuarias de la Fundación Gil Gayarre y participantes en el proyecto Envejecer Bien.
Foto cortesía de Fundación Gil Gayarre

¿Qué acciones se han puesto en marcha para alcanzar esos objetivos?

Son muchas las acciones que se han realizado, en un proyecto que tiene alcance en toda la organización. Creamos un grupo de trabajo interdisciplinar que ha dado como resultado un plan con varias  líneas de actuación: el proyecto de vida de las personas, la atención a las familias, las alianzas con el entorno, el buen trato, la salud y la visión de futuro.

Aplicamos las metodologías ReViSEP (Revisión de Vida de sucesos Específicos Positivos), y PPA  (Planificación Personal por Adelantado) como herramienta para ayudar a las personas mayores a planificar por adelantado el futuro deseado; Hemos adquirido el programa de estimulación cognitiva NeuronUp, para planificar de manera personalizada sesiones de estimulación cognitiva; y realizamos conferencias sobre envejecimiento, acciones formativas y participamos en el grupo Buena Vejez de Plena Inclusión Madrid, donde profesionales de diferentes entidades compartimos nuestro conocimiento y experiencia con las personas mayores, y se nos plantean nuevos proyectos de futuro.

¿Cuáles son los principales retos que habéis identificado y qué es lo que más os ha sorprendido?

Uno de los grandes retos es conseguir un cambio de mirada hacia las personas mayores, romper con los estereotipos culturales negativos y afianzar la idea de que envejecer bien es posible. Si bien, hay que luchar con un doble prejuicio, el de ser mayor y el de tener discapacidad intelectual.

Otro gran reto es que cada persona con discapacidad pueda escoger dónde quiere vivir independientemente de su edad, y generar alternativas de viviendas inclusivas en el entorno comunitario.

A mí personalmente, a lo largo del proyecto me ha sorprendido la transformación de los roles profesionales, de una atención más asistencial, a un rol de facilitador de proyectos de vida plena, donde la persona cobra protagonismo y el profesional flexibiliza sus funciones en función de lo que cada persona necesita en cada momento.

¿Cómo ha impactado el proyecto en las personas? ¿Y en la organización?

El Proyecto impacta en las personas en cuanto que adquieren protagonismo y control sobre sus vidas. Aumenta su bienestar emocional y satisfacción personal, desde poner el foco en las fortalezas y potencialidades de cada uno, alejándonos de un enfoque centrado en el déficit y la estigmatización.

En lo referente a la organización y el entorno, contribuye a visibilizar a las personas mayores en proceso de envejecimiento como agentes de valor social, y a entender el envejecimiento como una etapa más del ciclo vital con oportunidades para la realización personal. Nos ha permitido establecer alianzas con otras organizaciones del tercer sector, participar en investigaciones con la Universidad Complutense de Madrid, iniciar acciones de innovación, etc.

¿Qué papel tienen las familias y cómo las habéis apoyado durante el proceso?

El envejecimiento es una etapa de mayor vulnerabilidad que nos exige a los profesionales situarnos en un plano de máxima cercanía a las personas y a sus familias. Cuidar, comprender, acompañar desde el respeto y la escucha, son elementos clave en nuestra relación con las familias. En la medida en la que los familiares se sienten a gusto y acompañados resulta mucho más fácil trabajar en equipo y tomar en conjunto decisiones que a veces son complejas, por eso es fundamental remar todos en la misma dirección.

Las familias además, son parte del equipo de trabajo pues participan desde el inicio en la Comisión de Envejecimiento donde desde su visión y experiencia enriquecen al grupo con sus aportaciones.

¿Qué tienen de diferente los sueños y las metas de las personas mayores con discapacidad intelectual frente a los proyectos de vida de otras más jóvenes?

Los sueños de las personas mayores tienen un tinte de serenidad, de profundidad…, porque uno conoce lo que anhela desde su historia personal. Creo además que se viven más intensamente o quizá se disfrutan más. Son sueños a los que de una u otra forma nos podemos acercar: un viaje al extranjero, aprender a utilizar las nuevas tecnologías, recuperar vínculos familiares, volver a los lugares de la infancia, etc.

Muchas veces ponemos los límites antes de tiempo, hay que creer que es posible y después buscar los apoyos para llevarlos a cabo. Y también no tener miedo a asumir riesgos. Me viene a la cabeza, la imagen de una persona que vive en la Fundación y que hace pocos días cumplió su sueño de viajar en globo, a sus 83 años de edad. Nuestro compromiso con las personas mayores con discapacidad intelectual nos exige elevar nuestra mirada.

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